Je suis Charlie ¿Qué paso con el respeto a la vida?

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En un país como Panamá, un punto de encuentro de credos, culturas e ideas, la convivencia se sostiene sobre un pilar frágil pero esencial: el respeto a la diferencia.

Por eso, cuando la intolerancia estalla en violencia en cualquier parte del mundo, sus ondas de choque nos alcanzan y nos obligan a reflexionar sobre los límites de la expresión y la barbarie de la censura por la fuerza. Lo que sigue es una meditación nacida del estupor y la rabia ante un acto que desafía la razón.

Desde las palabras, los dibujos, las ideas, las expresiones, algunas emociones y la vida misma, ¿existe algo que no pueda resultar ofensivo de alguna manera? Yo no lo creo.

El día de ayer, algo más que un atentado sacudió París. Las personas no deben morir a manos de otras, y si lo hacen —si es que es posible justificarlo de alguna manera—, entonces que mueran por sus actos, no por sus ideas. Que mueran los hombres como siempre lo han hecho, en la sucesión de los tiempos. La continua mortandad de los evos parece no frenar jamás.

Casi parece que vivimos en la Edad Media nuevamente. Ahora los moros hacen vídeos para difundir la infamia, y los cruzados de nuestro tiempo, igual que los caballeros de antaño, muy lejos del valiente hidalgo de la Mancha, más lejos de cualquier forma de justicia, siguen sin ser los buenos, compartiendo en ocasiones el lugar de los malos.

Ningún hombre sobre esta tierra debería morir por un dibujo. ¿Qué acaso vivimos en la edad oscura nuevamente? ¡Regresamos a la caverna en nuestra impecable modernidad! Seguimos como el cangrejo, con pasos a la derecha y a la izquierda. Vaya mundo para vivir y morir, vaya cretino que hay que ser para cometer un acto tan ruin.

¿Qué seguirá? Porque parece ser que el ciclo de muerte es indetenible, grupo tras grupo se vienen como los hunos sobre Europa. Este hombre “sapiens” se perdió en la estupidez de su genialidad, matando por seres o cosas que jamás ha conocido, sembrando muerte para ganar un paraíso que no ha sentido, acabando con quienes sí aman la vida, a su manera.

Alcanzo a intuir una creciente ola de odio hacia la gente que profesa el islam, si no a todo Medio Oriente, sabiéndose ya que la masa no distingue al individuo, sino que le juzga uniforme. Seguirá el conflicto Oriente-Occidente cobrando la vida de los inocentes en ambos bandos. Pero sin importar en nombre de qué divinidad lo hagan, deben saber que matar a otro hombre es lo más lejano al ser que intentan agradar. Que es una pena compartir con los asesinos la humanidad.

El día de mañana será un escritor o un reportero, o usted quien lee, o yo que escribo. Alguien nos matará por no estar de acuerdo con sus ideas.

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