John Rawls, Justicia en el Edén

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¿Cómo se construyen las bases de una sociedad verdaderamente justa? ¿Qué principios deberían regir nuestras instituciones para garantizar que cada ciudadano en Panamá, sin importar su origen o condición, tenga una oportunidad equitativa de realizar su proyecto de vida?

Estas no son preguntas abstractas; son el núcleo del debate político y social de nuestro tiempo. El ilustre filósofo estadounidense John Rawls (1921-2002), profesor en Harvard, dedicó su vida a responderlas, y su obra cumbre, "Teoría de la Justicia", nos legó una de las herramientas intelectuales más poderosas para pensar este desafío.

La teoría de Rawls es sumamente llamativa, entre otras cosas, por su propuesta de la "Posición Original". Se trata de un ejercicio mental en el cual un grupo de individuos se reúne para establecer las reglas fundamentales que regirán su sociedad. Hasta este punto, el ejercicio tiene poco de llamativo y mucho de ordinario.

El mérito de esta abstracción reside en las condiciones únicas bajo las cuales se toma esta decisión. Primero, los individuos en esta posición original son plenamente funcionales y racionales; no son seres primitivos, sino personas que comprenden perfectamente lo que es una sociedad humana.

Pero la característica más ingeniosa es la siguiente: se les obliga a elegir estos principios bajo un "velo de la ignorancia". Esto significa que, al momento de decidir, ninguno de ellos conoce cuál será su posición en la sociedad que están creando. No saben si serán ricos o pobres, si pertenecerán a una mayoría o a una minoría, si nacerán con talentos excepcionales o con alguna discapacidad.

Dado que estas características son asignadas de manera aleatoria por la lotería de la naturaleza, y al no tener certeza del lugar que ocuparán, los participantes comprenden que lo más racional y conveniente es diseñar un sistema que no solo garantice la igualdad, sino que sea fundamentalmente justo para todos, especialmente para los que podrían terminar en la peor situación.

Tropicalizando la Abstracción: Un Contrato Social en el Edén

Nos resulta complicado consentir la posibilidad de una situación tan abstracta, pero para muchas personas resulta fácil aceptar la idea del Edén. Sin entrar a discutir cuestiones de fondo, yo propondría que el mismo ejercicio de Rawls es ciertamente factible en ese escenario primigenio.

Solo imaginemos a Adán con las posaderas bien acomodadas sobre la base de un viejo roble y a Eva encaramada en una piedra, ambos reunidos para decidir de una vez por todas cuál será la manera más justa de establecer una vida en común. La discusión sobre los principios que regirán su sociedad ocuparía sus mentes juveniles, y no el (muy animal) interés en follar, cagar o robar manzanas.

Bajo el velo de la ignorancia, sin saber cómo la naturaleza o Dios repartirían los talentos y las cargas entre su futura descendencia, ambos concurrirían en que reconocer una igualdad de oportunidades es conditio sine qua non para mantener el balance. Asimismo, establecerían que el reconocimiento de ventajas especiales para aquellos miembros que sufran una disminución de sus capacidades sería otro de los principios fundamentales para asegurar que nadie quede atrás.

Los Principios de una Sociedad Justa

De este ejercicio racional emergen dos principios de justicia fundamentales:

  1. El Principio de Igual Libertad: Cada persona debe tener un derecho igual al sistema más extenso de libertades básicas, compatible con un sistema similar de libertad para todos. Esto incluye la libertad de expresión, de conciencia y el derecho a participar en el gobierno, independientemente de su estatus social.
  2. El Principio de la Diferencia: Las desigualdades sociales y económicas solo son justas si cumplen dos condiciones:
    1. Deben estar vinculadas a cargos y posiciones abiertas a todos en condiciones de justa igualdad de oportunidades.
    2. Deben redundar en el mayor beneficio de los miembros menos aventajados de la sociedad.

Algunos podrían pensar que este último principio daría lugar a una clase de descendientes conformistas y perezosos, pero en realidad, esta nueva sociedad no es precisamente populista. A los individuos con condiciones especiales se les reconocen ventajas solo en la medida en que estas les permiten aplicar sus capacidades y competir en igualdad. La posición social no sería determinante, sino las capacidades del individuo, eliminando así la pobreza como factor definitorio de la división social.

De la Utopía a la Realidad

Como vemos, la abstracción de Rawls ha sido "tropicalizada" a una forma más familiar. Con este trabajo, el filósofo buscaba identificar aquellos principios que permitirían el desarrollo justo de una sociedad. Rawls reconocía perfectamente que su "posición original" es una visión idealista y extrema.

Sin embargo, su valor no reside en ser un plan de acción literal, sino en funcionar como un punto de referencia moral. Es una herramienta que nos permite tomar distancia de nuestros propios intereses y prejuicios para evaluar la justicia de nuestras instituciones actuales en Panamá. ¿Son nuestras leyes y políticas aquellas que habríamos elegido si no supiéramos qué lugar nos tocaría ocupar en la sociedad? Este es solo un primer paso, pero uno indispensable para comprender mejor la situación de una sociedad realista, donde la obediencia a las leyes no es absoluta y donde el respeto a la dignidad de todos los seres vivos, a menudo, deja mucho que desear.

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