Álvaro Salom Becerra: Al pueblo nunca le toca

En el análisis de los sistemas políticos latinoamericanos, la ciencia política y el derecho público suelen concentrarse en el diseño institucional, las constituciones y las transiciones hacia la democracia formal.
Sin embargo, este enfoque normativo frecuentemente ensombrece una realidad sociológica mucho más cruda: la captura del aparato estatal por parte de oligarquías enquistadas. Para comprender esta disonancia entre la teoría representativa y la práctica del poder, la literatura a menudo proporciona radiografías más precisas que los propios tratados académicos. Es aquí donde la novela Al pueblo nunca le toca (1979) del escritor e intelectual colombiano Álvaro Salom Becerra se erige no solo como una obra de ficción histórica, sino como un tratado magistral de sociología política. La obra deconstruye el mito de la alternancia democrática y expone cómo las instituciones públicas son reducidas a un botín burocrático, perpetuando un sistema donde el cambio de color en el gobierno jamás se traduce en una transformación de la base material de los ciudadanos. 
El andamiaje narrativo de Salom Becerra recorre varias décadas de la turbulenta historia de Colombia, utilizando la vida de sus protagonistas como hilo conductor para ilustrar el fenómeno del bipartidismo hegemónico. A través de la eterna disputa entre liberales y conservadores, el autor evidencia un mecanismo de control social fascinante y perverso: la movilización de las masas populares mediante pasiones heredadas y fanatismos cromáticos (el rojo y el azul), mientras las élites de ambos bandos pactan, conviven y se reparten el Estado a puerta cerrada. Esta dinámica, que alcanzó su paroxismo institucional durante el Frente Nacional, demuestra cómo la polarización ideológica es frecuentemente una herramienta de la superestructura para mantener intactas las relaciones de dominación. El ciudadano común es convocado a la plaza pública para legitimar con su sangre y su voto a un liderazgo que, una vez en el poder, gobierna exclusivamente para salvaguardar el statu quo del capital y los latifundios.
Desde la perspectiva del análisis institucional y la teoría del Estado, la lectura de esta obra resulta fundamental para diagnosticar las patologías del clientelismo. La novela ilustra con lucidez cómo la administración pública pierde cualquier vocación de servicio universal para convertirse en una maquinaria de favores, donde el acceso a derechos básicos está condicionado a la lealtad partidista. Al reflexionar sobre los paradigmas modernos de participación ciudadana y gobierno abierto, Al pueblo nunca le toca actúa como un recordatorio severo de los obstáculos culturales y estructurales a los que se enfrentan estas iniciativas. Nos advierte que ninguna arquitectura legal o tecnológica orientada a la transparencia será efectiva si no se desmantela primero el secuestro clientelista de las instituciones, un secuestro diseñado específicamente para asegurar que, sin importar quién gane en las urnas, al pueblo, efectivamente, nunca le toque.
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Aclaración: Parte de este post fue redactado con ayuda de IA.